4 - agosto- 2005




Por: Guillermo Ortega -Opinión

Congelado. El maestro Bernardo Bátiz, procurador de Justicia del Distrito Federal, mencionó, hace unos días, que le gustaría mucho volver a andar en campaña, pero dijo, me tengo que quedar. En realidad, si no se entiende completamente la añoranza que un académico como Bátiz muestra por el proselitismo, sí se entiende que esté más que harto de hacer de tapadera de las pifias jurídicas cometidas por la administración perredista más frecuentemente de lo deseable. Seguramente vio la oportunidad de un retiro justificado de su cargo, ahora que su ex jefe, Andrés López, se ha ido definitivamente a hacer campaña, buscando un espacio en el equipo. Sin embargo, ¡sorpresa! Le dijeron que no, que debía quedarse y continuar con su trabajo al frente de la Procuraduría de Justicia capitalina. Lo congelaron, pues, en el cargo, seguramente hasta que concluya la administración.

Razones. Las razones parecen evidentes. El maestro Bátiz sigue representando para su ex jefe tranquilidad. Ha sido puntal en las estrategias de López en todas las cuestiones jurídicas en las que se ha visto involucrado, las cuales, considerando la tendencia de López a pasar por encima de la ley, han sido muchas. De manera que Bátiz participó en la estrategia de defensa contra el desafuero, en todo el asunto del predio “El Encino”, en lo del “Paraje San Juan”, en las medidas para poder sacar rápido a Bejarano, en las que —por el otro lado— se han tomado para mantener encerrado a su contraparte Carlos Ahumada y, seguramente, las que acumulen los herederos de la administración y la tendencia lopista a no respetar la ley. Ya en las administraciones perredistas anteriores sucedió algo similar. Estos gobiernos emanados del partido del “sol Azteca” han caído en la tentación de utilizar a las instituciones de justicia como arma política o como impacto mediático de distracción ante la falta de resultados tangibles. Durante el periodo de gobierno que se dividieron entre Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Robles, el desaparecido procurador Samuel del Villar, cumplió cabalmente con la tarea de desviar la atención de los excesos de algunos funcionarios, creando una cortina de humo con una serie de acusaciones que nunca prosperaron. De entonces a la fecha, el gobierno capitalino ha ido perdiendo, una a una, todas las causas emprendidas por el ex procurador, las cuales, sin embargo, consiguieron su cometido en su momento: fueron golpes que tuvieron el efecto de distraer la atención de la opinión pública y que incluso, en algunos casos, beneficiaron a la imagen del gobierno perredista al fincar acusaciones contra funcionarios de la anterior administración priísta.

Dolorosa protesta. Ejemplo de todo esto, es el caso Bejarano-Ahumada. Mucho hemos señalado que todo acto de corrupción se forma por un binomio inseparable: el corrupto y el corruptor. Carlos Ahumada ha sido acusado de haber pagado sobornos a Bejarano —en todo caso, fue evidente en los videos mostrando al operador político de López embolsándose los fajos de dólares que le dio Ahumada—, de forma, que es evidente que era el corruptor de la dupla. Sin embargo, Bejarano, quien sería el complemento corrupto de la mancuerna, ha sido exonerado de parte de las acusaciones, especialmente de las graves, y sólo le queda un delito pendiente que le ha permitido salir bajo fianza de la cárcel, sin siquiera haber explicado a dónde fue a parar el cuantioso dinero que le dio el empresario, a todas luces mal habido, ni a cambio de qué favores lo recibió o, en última instancia, para quien era. Mientras tanto, Ahumada acumula cada día más delitos, se le mantiene aislado de la prensa, y su proceso ha estado, según han denunciado sus familiares y abogados, plagado de vicios e ilegalidades. Todo esto lo ha llevado a adoptar acciones que afectan su salud y que implican dolor, como coserse los labios, todo con el fin de llamar la atención de la opinión pública hacia su caso, que asegura es de persecución política, lo que de acuerdo con las evidencias puede ser cierto.

La delgada línea. Esta tendencia del ex jefe de Gobierno a no respetar la ley y salirse con la suya, se ha “contagiado” a algunos de sus colaboradores. Tal es el caso de Marcelo Ebrard, quien ha sido sorprendido haciendo proselitismo a su favor utilizando recursos públicos. Aunque lo ha negado —como si la negación borrara los hechos—, se documentó fotográficamente, por ejemplo, la pinta de bardas con empleados y recursos materiales del gobierno. Ahora, ha aparecido un video que muestra a Ebrard, en su calidad de secretario de Desarrollo Social capitalino y al jefe delegacional en Coyoacán, Miguel Bortolini, ofreciendo viviendas dignas y acceso a los programas sociales administrados por esa dependencia, a cambio de su voto a favor del propio Ebrard como jefe de gobierno y de Andrés López como presidente. Como Santa Claus en Noche Buena, pues. Y, aunque lo niegan, las imágenes y las voces no dejan lugar a duda. Más aun, nos contaron en corto que existen otros videos que muestran eventos similares en otras demarcaciones, como Iztapalapa por ejemplo, que evidencian cómo Ebrard y otros funcionarios rebasan sin ningún empacho la delgada línea de la legalidad, cometiendo actos que son, indiscutiblemente, delitos.

Verba volant, scripta manent.

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