INDICADOR POLÍTICO
° Ahumada-Ebrard-AMLO: 2006 en el 2012
° Corrupción, impunidad y represión, temas
Por Carlos Ramírez
Más que por resolver el expediente abierto del 2006, la agresión
contra el empresario y editor Carlos Ahumada tuvo que ver con el
2012: López Obrador y Marcelo Ebrard se perfilan como los dos
principales precandidatos presidenciales perredistas para las
próximas elecciones y los dos están involucrados en los
videoescándalos de la corrupción en el GDF.
Por tanto, la intención de López Obrador y Ebrard era mantener a
Ahumada en la cárcel todo este sexenio y con ello evitar la difusión
de más videos que dañen las carreras políticas de ambos. Un Ahumada
en libertad va a constituir un verdadero peligro para el 2012
perredista, aún cuando no se difundan más videos.
La nueva fase del caso Ahumada ha exhibido los pasivos del gobierno
perredista en el DF en varios puntos. Al final, el PRD en el poder
resultó exactamente igual de abusivo que los gobiernos priístas y
panistas:
1.- Derechos humanos. La agresión contra Ahumada al salir del
reclusorio fue una evidencia del nerviosismo de los funcionarios
perredistas de la procuraduría capitalina, al grado de dar una
exhibición de cómo se violan impunemente los derechos humanos por
parte de un gobierno autodenominado de izquierda. El PRD, por tanto,
carece de autoridad moral y política para defender los derechos
humanos atencos o appos si en el DF aplasta con impunidad los
derechos humanos de una persona.
2.- Manipulación de la ley. Aunque López Obrador reiteró hasta el
cansancio que no es un hombre de venganzas, en el caso de Ahumada
demostró la forma de torcer la ley para convertirla en instrumento
de ajustes personales de cuentas. Del otro lado, la misma ley se
aplicó con flojera a los perredistas involucrados en el caso
Ahumada. Sobre todo, René Bejarano. Priístas al fin, los perredistas
en el gobierno del DF han usado la ley para beneficio propio y para
venganzas personales.
Ebrard y López Obrador demostraron la validez de aquella apreciación
de Juárez: “a los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley
a secas”. Ebrard le ha aplicado la ley a secas a Ahumada, en tanto
que a los perredistas y colaboradores lopezobradoristas les tocó la
“justicia y gracia”.
3.- La judicial, como la DIPD. A pesar de diez años de gobierno
perredista en el DF, la policía judicial capitalina continúa siendo
un problema de abuso e impunidad, así como lo fue en sus años la
nefasta Dirección de Investigaciones para la Prevención de la
Delincuencia. Los judiciales violaron los derechos legales de un
acusado, lo golpearon impunemente, no cumplieron con los requisitos
legales para una diligencia de esa naturaleza y confirmaron que la
procuraduría capitalina sigue igual --es decir: peor-- que en los
tiempos priístas.
4.- El continuismo. También como en los tiempos priístas, las
sucesiones en el poder están determinadas por las jefaturas máximas.
En el DF cualquier candidato perredista hubiera ganado las
elecciones. Pero López Obrador, priísta al fin y al cabo, designó
por dedazo a Marcelo Ebrard como su candidato. Por tanto, Ebrard
está obligado a proteger a López Obrador en asuntos delicados. Por
eso Ebrard no vaciló en autorizar a la procuraduría del DF a
pervertir la ley para darle una lección a Ahumada. Ebrard, por
tanto, carece de autonomía. Y López Obrador sigue manejando la
jefatura de gobierno, así como Bernardo Bátiz ya instauró su
cacicazgo en la procuraduría.
5.- Las complicidades del poder. Asimismo, como en los tiempos
priístas, los nuevos funcionarios llegan para cuidar los expedientes
delicados de su antecesor. Ello se conoció en el pasado priísta como
la complicidad de la sangre: por eso, por ejemplo, Luis Echeverría
sucedió a Díaz Ordaz, a pesar de las suspicacias del saliente.
Ahumada representaba un expediente abierto en la carrera política de
López Obrador. Por tanto, la sucesión en el gobierno perredista del
DF no atendió la calidad del aspirante y sus propuestas sino la
complicidad. De ahí el enojo de Ebrard ante la victoria judicial de
Ahumada.
El mensaje final de la agresión contra Ahumada se localiza en el
estilo mafioso de los comportamientos políticos. Los golpes fueron
un aviso del gobierno de Ebrard contra quien posee evidencias de la
corrupción del grupo de López Obrador y videos del propio Ebrard. La
vulnerabilidad de Ahumada al salir de la cárcel y el abuso de fuerza
gubernamental dejó el mensaje mafioso de que nadie puede estar
tranquilo, ni a pesar de haber ganado un juicio penal. Los golpes a
Ahumada fueron, por tanto, intimidatorios para inducirle miedo a
Ahumada. Y probaron que la izquierda puede ser también mafiosa.
El perdedor político de la liberación de Ahumada fue el jefe de
gobierno del DF. Mientras Ebrard se regodeaba en las frivolidades
del poder, la maquinaria política lo atrapó fuera de la jugada. Las
recriminaciones de López Obrador y Bátiz en la noche del lunes
llevaron al procurador Rodolfo Félix a violentar la ley y violar los
derechos humanos para complacer las exigencias políticas de López
Obrador y Ebrard. Pero a esas horas lo único que quedaba era dejar
un mensaje: y fue el de la violencia del poder contra adversarios
políticos.
El escenario quedó perfilado: el 2006 de Ahumada va a estar latente
en el 2012. De ahí el manotazo autoritario de López Obrador y Ebrard.