Hay algo nauseabundo en torno de la noticia sobre la captura de
Carlos Ahumada. Todos la celebran como un triunfo nacional. Como si
Ahumada fuese la excepción, no la regla.
No voy a defender a un constructor que forra de billetes negros a
políticos corruptos o desorientados. Pero ¿quién no conoce, o ha
vivido, más de una historia en que esos mismos billetes negros
destapan las tuberías administrativas, o hacen milagros en las
licitaciones, o afinan el punto de vista de un juez?
Jugar a la catarsis con Ahumada es un admirable elogio de la
hipocresía. México sigue funcionando con miles de Ahumadas. En este
momento, más de una persona honorable estará engrasando algún ducto
en aras de la productividad, la calidad, la competencia. Como hacía
Ahumada. Y algún Bejarano estará cobrando una extorsión.
Vi cómo Carlos Ahumada llevaba un poco de dignidad profesional a la
división de ascenso del futbol mexicano: organización, televisión,
sueldos, estética, decoro. Y vi cómo dilapidaba esa obra con la
enloquecida toma del estadio de Irapuato (el episodio fue analizado
en “La historia en breve” del 23 de junio de 2003). ¿Pero cuántas
estampas de cinismo, impunidad, corrupción no conocemos sobre los
federativos del futbol? El futbol mexicano es, en todo caso, un
jardín de Ahumadas.
Vi cómo contrató a buenos periodistas y cómo les regaló a los
capitalinos un diario bien hecho que, poco a poco, se iba ganando el
respeto de los lectores más “refinados y democráticos”. Hay más de
un Ahumada financiando los mejores trabajos periodísticos en la
radio, prensa escrita y televisión mexicana. Mientras no aparezca un
video que los desnude, podrán seguir visitando Los Pinos y
acaparando las mejores páginas de las secciones de sociales.
Lo vi enfrentarse a las burocracias federales y locales para poner a
funcionar una escuela primaria en Topilejo, Tlalpan, que él, con su
dinero, mandó construir (el episodio fue narrado en “La historia en
breve” del 12 y 13 de noviembre de 2003). Una escuela pública bien
acabada, la mejor de la zona. Seguramente la construyó para luego
obtener dividendos por su paternal relación con la comunidad. Como
hacen tantos poderosos de este país. La filantropía mexicana gira
con las manijas de muchos proyectos como el de la escuelita de
Topilejo, la escuelita de Ahumada.
Bien por las autoridades, por la PGR. Hicieron su trabajo. Un
presunto delincuente ha sido capturado. Pero lo demás... Cuánta
hipocresía hay en la celebración.