Marzo 31, 2004
 

La historia en breve - Ciro Gómez Leyva
Ahumada, o la hipocresía
 

 

Hay algo nauseabundo en torno de la noticia sobre la captura de Carlos Ahumada. Todos la celebran como un triunfo nacional. Como si Ahumada fuese la excepción, no la regla.

No voy a defender a un constructor que forra de billetes negros a políticos corruptos o desorientados. Pero ¿quién no conoce, o ha vivido, más de una historia en que esos mismos billetes negros destapan las tuberías administrativas, o hacen milagros en las licitaciones, o afinan el punto de vista de un juez?

Jugar a la catarsis con Ahumada es un admirable elogio de la hipocresía. México sigue funcionando con miles de Ahumadas. En este momento, más de una persona honorable estará engrasando algún ducto en aras de la productividad, la calidad, la competencia. Como hacía Ahumada. Y algún Bejarano estará cobrando una extorsión.

Vi cómo Carlos Ahumada llevaba un poco de dignidad profesional a la división de ascenso del futbol mexicano: organización, televisión, sueldos, estética, decoro. Y vi cómo dilapidaba esa obra con la enloquecida toma del estadio de Irapuato (el episodio fue analizado en “La historia en breve” del 23 de junio de 2003). ¿Pero cuántas estampas de cinismo, impunidad, corrupción no conocemos sobre los federativos del futbol? El futbol mexicano es, en todo caso, un jardín de Ahumadas.

Vi cómo contrató a buenos periodistas y cómo les regaló a los capitalinos un diario bien hecho que, poco a poco, se iba ganando el respeto de los lectores más “refinados y democráticos”. Hay más de un Ahumada financiando los mejores trabajos periodísticos en la radio, prensa escrita y televisión mexicana. Mientras no aparezca un video que los desnude, podrán seguir visitando Los Pinos y acaparando las mejores páginas de las secciones de sociales.

Lo vi enfrentarse a las burocracias federales y locales para poner a funcionar una escuela primaria en Topilejo, Tlalpan, que él, con su dinero, mandó construir (el episodio fue narrado en “La historia en breve” del 12 y 13 de noviembre de 2003). Una escuela pública bien acabada, la mejor de la zona. Seguramente la construyó para luego obtener dividendos por su paternal relación con la comunidad. Como hacen tantos poderosos de este país. La filantropía mexicana gira con las manijas de muchos proyectos como el de la escuelita de Topilejo, la escuelita de Ahumada.

Bien por las autoridades, por la PGR. Hicieron su trabajo. Un presunto delincuente ha sido capturado. Pero lo demás... Cuánta hipocresía hay en la celebración.
 

Ciro Gómez Leyva

Fuente: Milenio