Mayo 12, 2009
 

Milenio - Ciro Gómez Leyva
Ahumada y la Santa Inquisición
 

Más de una voz, más de una pluma, se han servido del libro Derecho de réplica para echarme en cara lo que dije desde agosto de 2004: Car los Ahumada fue un preso político del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

El lopezobradorismo en el poder (con una lógica defensiva, pero también de venganza) transformó en penales juicios mercantiles contra el constructor, le metió una acusación tras otra para mantenerlo en la cárcel, lo denigró públicamente y le negó el derecho a expresarse en los medios. ¿Cómo se le llama a eso?

El fango en el que Ahumada reconoce ahora que hizo negocios, o las famas y prestigios que sin duda intenta despedazar en el libro, no eliminan lo ocurrido en el Reclusorio Norte entre los primeros días de abril de 2004 y el 8 de mayo de 2007, cuando obtuvo la libertad.

Sólo desde el linchamiento o la deshonestidad intelectual puede justificarse que a Ahumada se le humillara y estaba bien, se le torturara y estaba bien, se le fabricaran causas y estaba bien, se le segregara y estaba bien.

Para los sectarios desmemoriados (siempre flota en ellos el olor a nauseabunda inquisición), aquí está el párrafo en que, por primera vez, usé el término preso político. Fue en este espacio, el 23 de agosto de 2004, días después de que presuntos integrantes de ETA dieron una autorizada conferencia de prensa en el Reclusorio Norte:

“Es inaceptable que a Ahumada o a cualquier persona, mexicana, extranjera, se le niegue el derecho de expresarse. Si a Ahumada se le prohíbe hablar con la prensa, Ahumada es un preso político de López Obrador y Alejandro Encinas. Preso político, sin más adjetivos”.

Con o sin libro, lo sigo pensando cinco años después.

 


Fuente:
Milenio