Mayo 10, 2007
 

Acentos - Óscar Mario Beteta
Epitafio
 

Ignorado, casi olvidado; frustrado, prácticamente extinguido, Andrés Manuel López Obrador tendrá que sumar a su colosal derrota la postrer vergüenza; confrontar su autoritarismo con los aires de libertad que soplan en la capital, y admitir que cuanto caprichosamente concibió, por la realidad le fue enmendado.

Como jefe de Gobierno del DF, AMLO burló el Derecho y atacó a las instituciones con tal de ser candidato a la Presidencia; con ese status, y enarbolando un programa de prioridades “para los que menos tienen”, despreció a factores y actores fundamentales de la vida política y económica nacional y perdió en toda la línea.

Su obstinación y proclividad mesiánica lo llevó a considerar que las masas serían suficientes para hacerse de la primera magistratura; ensoberbecido, se cerró a toda comunicación, entendimiento o acuerdo, esencia de la política. Al desechar e ignorar las claves con las que ésta conduce al éxito y repudiar las circunstancias, cavó su tumba.

Creyendo estar vivo cuando cadáver era, arremetió contra el empresario Carlos Ahumada por haber revelado las corruptelas de algunos de sus allegados, sobre todo de René Bejarano, quien fue su secretario particular, operador político, hombre de confianza.

Sin embargo, la atención que la Prensa y la Opinión Pública pusieron en el caso, así como la independencia del Poder Judicial en el DF que hoy prevalece, abrió las puertas de la cárcel el martes pasado a Ahumada tras quedar demostrada su inocencia en el delito que le fue imputado y a pesar del grotesco ataque a sus derechos cuando fue reaprehendido.

A López Obrador nunca se le cayó la Presidencia porque en sus manos jamás estuvo; su arbitrio no podía reproducirse porque no está él para recrearlo, y la crudeza de la realidad lo ha puesto en un lugar del que nunca más podrá levantarse, como tampoco podrán hacerlo sus defensores, epígonos y discípulos.

Sintetizadas su incapacidad política y su corta visión en su fracaso; desplomado el monumento de su maldad con la liberación de Ahumada, y desplazada por la libertad su prepotencia, de AMLO casi no queda nada.

¿Serán lo suficientemente perspicaces los perredistas rescatables para darse cuenta de que sobre esas cenizas hasta perderían lo que han ganado?

Sotto voce

Beatriz Paredes Rangel empezará a pisar más fuerte después del 20 de mayo, cuando gane la gubernatura de Yucatán como dirigente del PRI. Ratificará, juntas, su experiencia, capacidad, astucia y sencillez.

 

dikon2001@yahoo.com.mx


Fuente: Milenio