Mayo 3, 2004
 

La historia en breve - Ciro Gómez Leyva
Le rasuran la barba a Carlos Ahumada
 

 

De acuerdo con quienes han visto y hablado con Carlos Ahumada en el Reclusorio Norte, lo qué más le duele es el trato que le dieron los cubanos. Treinta días en la mazmorra de una dictadura sádica, en manos de algunos de los interrogadores mejor capacitados del mundo, deben dejar dolores profundos y duraderos. La Habana, el color que el infierno le escondiera a Ahumada.

Treinta días sin un minuto de privacidad, con un fiscal presente incluso en las visitas de la esposa. Mientras pega el grito en el cielo por las fotografías de los marines torturando a prisioneros iraquíes, la llamada izquierda mexicana celebra tener aliados poderosos, como Fidel Castro.

Quienes han visto y hablado con Ahumada dicen que, en efecto, tiene miedo por su integridad y vida en una cárcel bajo control de autoridades que dependen de Andrés Manuel López Obrador.

Que se pregunta quién y por qué autorizó que periodistas disfrazados de custodios lo vieran y tomaran fotos mientras se desnudaba y ponía el uniforme de interno, la noche del miércoles 28 de abril. Escribió ayer aquí Carlos Puig: “Si los derechos humanos son de Ahumada, no valen. El momento es sobrecogedor por la vulnerabilidad del consignado en un momento que debería ser privado. A eso los reos tienen derecho. ¿O debemos enterarnos que la trusa le queda grande?”

Por lo demás, la percepción de Ahumada coincide con los resultados del que debe ser uno de los mejores estudios sobre cárceles efectuados a la fecha. En Delincuencia, marginalidad y desempeño institucional, una encuesta a reclusos de Morelos, Estado de México y el Distrito Federal (investigación del CIDE, coordinada por Marcelo Bergman, junio 2003), 80 por ciento de los entrevistados se sienten inseguros en las prisiones capitalinas. Otro dato: “Diez por ciento de los internos dijo haber sido golpeado por lo menos una vez durante los últimos seis meses, ya sea por otros internos o por custodios; 83 por ciento de ellos dijo haber sido golpeado de una a cinco veces y 13 por ciento de cinco a diez veces; 46 por ciento de los que fueron golpeados requirieron atención médica”.

Quienes ya hablaron con él confirman lo que expresó el director de Reclusorios, Héctor Cárdenas San Martín: Ahumada está en el dormitorio uno y duerme solo. Y agregan algo que Cárdenas San Martín no quiso verificar: los compañeros de Ahumada en esa zona son internos de alta peligrosidad. Narcotraficantes, tal vez; o secuestradores; asesinos, quizá.

Cuentan, además, que Ahumada ya pasó por manos de un peluquero que le rasuró la barba. Pronto otro periodista disfrazado nos mostrará la foto del preso lampiño. O algún funcionario la “deslizará a los medios”. Es igual.

Eso se merece quien, se presume, cometió un fraude en una delegación del Distrito Federal, grabó a dos honorables luchadores sociales en actos de corrupción flagrantes y, sobre todo, se atrevió a decir que lo peor que le podría pasar a México es que López Obrador llegue a la Presidencia de la República.

Ciro Gómez Leyva

Fuente: Milenio