Octubre 11, 2007
 

Ciro Gómez Leyva - Milenio
¿Por qué defiendes a los malos?


En el año 2000, una ex compañera de trabajo, analista connotada, me preguntó en medio de sobreentendidos y malos entendidos, por qué yo, que era de los “buenos”, defendía a un “malo”, como Manlio Fabio Beltrones.

Otros compañeros y amigos me han hecho esa pregunta respecto del Mosh, Carlos Ahumada, Flavio Sosa, Roberto Madrazo...

No defiendo “malos”. Antes que nada, porque no me gusta la fácil separación maniquea que encarcela a los personajes públicos en los polos irreconciliables del bien y el mal. El New York Times y algunos diarios mexicanos acusaron a Beltrones en 1997, sin una sola prueba, de tener nexos con el narcotráfico. Hoy se sabe que fue una acusación falsa, muy jodida.

El Mosh era el personaje más televisivo del CGH, un movimiento extraño, bárbaro, que visualmente prefiguró Atenco y Oaxaca. Habría sido una estupidez periodística cerrarle cámaras y micrófonos, como pedían los “buenos”. Más allá de sus conductas, Ahumada fue blanco de un gobierno que, una vez que lo encarceló, se dedicó a fincarle acusaciones endebles a diestra y siniestra, a entorpecerle la defensa y que además lo obligó a callar. Por eso dije que era un preso político. Jamás expresé que Flavio Sosa no tuviera que ver con los delitos flagrantes de la APPO. Pero que lo refundieran en el penal de alta seguridad de Almoloya junto a criminales y secuestradores, me pareció una infamia.

Madrazo, lo escribí el martes, es hoy, guste o no, un ciudadano común y corriente que no estaba obligado a dar una explicación pública de su paso por el Maratón de Berlín. Por más que griten los “buenos”, los que desde su supuesta superioridad moral creen que marchan siempre por el lado luminoso de las avenidas.

Ciro Gómez Leyva

Fuente: Periódico Milenio