Carlos Ahumada declaró el
19 de mayo de 2004 ante la Fiscalía Especializada para Delitos
Electorales que, entre 2001 y 2003, entregó a René Bejarano una
cantidad del orden de los 12 millones 50 mil pesos. La mitad de
ese dinero se lo dio cuando Bejarano era alto funcionario del
gobierno del Distrito Federal y hombre de las confianzas de
Andrés Manuel López Obrador. Pero ¿por qué le pagaba, a cambio
de qué?
Ahumada detalló que Bejarano fungía como una suerte de cobrador
en una perversa maquinaria de extorsión: “Había auditorías
exhaustivas a mis empresas, y los propios auditores me llegaron
a comentar que tenían instrucciones de fastidiar y de sacar
resultados falsos”.
Afirmó que López Obrador “tenía pleno conocimiento de las
entregas de dinero y de lo que hacía René Bejarano”, quien se
embolsaba el dinero que, presuntamente, se usaría para financiar
campañas del PRD. A cambio, se comprometía a pedirle a López
Obrador y a la contralora Bertha Luján que suavizaran las
auditorías y desatoraran los pagos. Pero pagaba y pagaba y nada
se resolvía. Fue entonces cuando decidió grabarlo.
Al difundirse el video del 3 de marzo, Bejarano dijo, ipso
facto, que el dinero que millones lo vieron recibir era para
la delegada de Álvaro Obregón, Leticia Robles.
Falso, refutó Ahumada en la declaración. Y contó la historia.
Bejarano se la presentó en marzo o abril de 2003, en las
instalaciones del diario El Independiente, que por esos
días estaba a punto de comenzar a circular. Bejarano quería que
la conociera, pues era la candidata del PRD en Álvaro Obregón.
“Hubo otras tres o cuatro reuniones más con Leticia Robles antes
de ser electa”, reconoció Ahumada, “solicitando la agilización
de las obras que el de la voz estaba llevando a cabo, y que
fueron contratadas por la delegación Álvaro Obregón (…) y
también recibió visita de ella cuando tomó posesión como
delegada y con tal carácter lo visitó solicitando la cancelación
de los contratos multianuales que tenía con la delegación Álvaro
Obregón, ya que se lo había solicitado directamente la
Contraloría General del Gobierno del Distrito Federal, les
fueran cancelados los contratos, y que ella ya los había
cancelado con su director jurídico y que dicha cancelación no
procedía por lo que le pedía que accediera de manera voluntaria
porque la estaban presionando en el gobierno central”, a lo cual
Ahumada accedió, “sin estar de acuerdo”, pero para evitar más
confrontaciones con López Obrador”.
Al darse cuenta que había picado en piedra, Bejarano cambió de
versión y dijo entonces que el dinero era para otra señora de
apellido Robles: Rosario Robles, presidenta del PRD. Totalmente
falso, refutó Ahumada, “toda vez que el de la voz tenía una
relación de amistad personal y de mucha más confianza con
Rosario Robles, situación que no se dio con René Bejarano, por
lo que resulta ilógico que se necesitara de intermediarios para
hacer llegar cualquier cosa a Rosario Robles”.
Si Ahumada no miente en la declaración ministerial, y si queda
algo de lógica en esta historia, Bejarano no cometió un error
(como dijo el 3 de marzo, repitió mil veces y vuelve a decir
hoy), sino muchos: una cadena de errores, porque fueron muchas
las veces que se vio las caras con el constructor. Casi siempre
para encaminar y concretar pagos que engordaban su famoso
portafolio.
Bejarano mintió el 3 de marzo y mintió sobre Leticia y Rosario
Robles. Hoy duerme en su casa. De los 12 millones 50 mil pesos,
nadie sabe, nadie supo, nadie quiere volver a hablar.
* * *
Con mínimas adaptaciones para actualizarlo,
este texto se publicó en La historia en breve del 11 de
noviembre de 2004, horas después de que Bejarano entrara a la
cárcel. Las interrogaciones y admiraciones de hoy son las mismas
de hace ocho meses.