PARA nadie es una novedad que una buena parte de la política
electoral, en México y en todo el mundo, tiene que ver con la
"guerra sucia", que no es otra cosa que la exhibición pública de
debilidades o secretos "innombrables" de los distintos adversarios
políticos, con el fin de conseguir el descrédito de tal o cual
contendiente. Esto ocurre de manera paralela a la contienda formal,
en donde los candidatos suelen ofrecer su mejor cara, a pesar de que
casi siempre son parte de las campañas de desprestigio.
La "guerra sucia" suele destruir, como fue el caso del precandidato
presidencial del PRI, Arturo Montiel, a quien manos anónimas
exhibieron, por decir lo menos, como un pillo de siete suelas. Otro
caso reciente que hoy es conocido como el escándalo del góber
precioso, y que -si no ocurre nada extraño en la Suprema Corte de
Justicia de la Nación- seguramente perderá su empleo como huésped de
Casa Puebla. Pero hay casos en los que la "guerra sucia" más que
desprestigio produce una suerte de blindaje en torno al político que
pretende ser desprestigiado.
Y ese es el caso de Cuauhtémoc Cárdenas, a quien en 1988 y en 1997
se intentó desprestigiar por todos los frentes, desde la aparición
de presuntos o reales hermanos e hijos ilegítimos, hasta el
escándalo de poseer una playa en Michoacán, y toda clase de negocios
supuestamente ilegales. En los dos casos el pretendido desprestigio
se tradujo en la "petrificación" de las preferencias electorales
hacia Cárdenas, quien luego de un intenso ataque terminó blindado.
En la memoria de todos está fresca aún lo que fue una de las más
burdas maniobras de la "guerra sucia", cuando aparecieron los
videoescándalos que exhibían la corrupción del gobierno de López
Obrador, como paso previo a lo que luego fue el escándalo del
desafuero del hoy ex jefe de Gobierno. Lo que se esperaba terminara
en el desprestigio de Andrés Manuel, en realidad se convirtió en un
blindaje que a la vuelta de los meses tiene a AMLO como el más
aventajado de los presidenciables.
Pero a tres meses de la elección presidencial nadie puede sentirse
tranquilo, ya que existen muchos indicios de que no ha terminado la
"guerra sucia" en torno a la contienda del próximo 2 de julio. En
comederos políticos, corrillos y en cuarteles de campaña del PRI y
el PAN, y hasta en grupos vinculados con el candidato López Obrador,
se asegura que ha llegado el tiempo de la "guerra sucia", y que de
ahora en adelante cualquier cosa puede suceder.
Las versiones más socorridas son dos, precisamente en torno a Andrés
Manuel, y señalan que en cualquier momento se podrá hacer público un
video en el que presuntamente aparecen saludadores y en amena charla
nada menos que López Obrador y el empresario Carlos Ahumada, hoy en
prisión, y un verdadero preso político del gobierno de AMLO. Según
algunas versiones, dicho video muestra una estrecha relación entre
el candidato presidencial y el empresario recluido en prisión. Lo
interesante del asunto sería, si existe dicho video, que AMLO
siempre negó conocer siquiera a Carlos Ahumada.
La segunda versión se refiere a la presunta existencia de un
expediente que data de las mocedades de AMLO, en donde presuntamente
una joven tabasqueña habría presentado una denuncia contra el joven
Manuel Andrés López Obrador (MALO) -que es el nombre correcto del
candidato presidencial del PRD, antes de que cambiara el orden de
los nombres-, por el presunto delito de acoso sexual. Es necesario
aclarar que ninguna de las dos versiones ha sido confirmada, y que
sólo se trata de comentarios que se escuchan, como ya se dijo, en
comederos políticos y en cuarteles de campaña de los más aventajados
presidenciales.
Lo cierto es que se trate o no de especulaciones descabelladas en
tiempos de la aventajada contienda presidencial, existe un marcado
nerviosismo entre los cuarteles de campaña de Roberto Madrazo y
Felipe Calderón. Y no es para menos, ya que la ventaja que muestra
en las encuestas el candidato López Obrador lo ha convertido, en
efecto, en el hombre a vencer. Más aún, en los días recientes se ha
convertido en una constante la especie de que para el PAN y el PRI
la posibilidad de remontar los 10 y 15 puntos porcentuales que
separan a sus respectivos aspirantes presidenciales de López
Obrador, depende exclusivamente de que se produzca "algo grande",
"algo gordo", un gran escándalo en torno al "indestructible".
Pero sería un error suponer que en "la tienda de enfrente", entre
los "hombres de AMLO" sólo hay ingenuos o hermanas de la caridad.
Nada más alejado de la realidad. Baste recordar que López Obrador ha
basado una gran parte de su trayectoria política en la "guerra
sucia", que lo mismo desplegó contra el desaparecido Heberto
Castillo, cuando AMLO pretendía la presidencia del PRD, que contra
Rosario Robles, la ex jefa de Gobierno del DF que le ayudó como
nadie a llegar como jefe de Gobierno, y a la que destruyó, primero,
con el escándalo del supuesto exceso de gastos de imagen y
publicidad -cuando era jefa de Gobierno-, y luego mediante la
persecución cuando era presidenta del PRD, también por un supuesto
gasto excesivo en la contienda federal de 2003.
¿Por qué AMLO combatió y destruyó a la señora Robles con los
instrumentos de la "guerra sucia"? Por una razón que poco se ha
dicho: porque era la preferida de Cárdenas para convertirse en
candidata presidencial para 2006. AMLO destruyó a Robles, al grupo
de Cárdenas, y con ello se apoderó de la campaña presidencial y del
PRD todo. Y para ello se valió de la "guerra sucia" al interior de
ese partido. Pero también hay una marcada tendencia a la "guerra
sucia" de algunos de los "prohombres" de Andrés Manuel. El señor
Federico Arreola se ha convertido en el artífice de esa "guerra
sucia" que ha desplegado el equipo de AMLO.
Contra Felipe Calderón, al que apodó como "Fecal", al que insulta
cada que se le antoja, y al que señaló como alcohólico. De esa
"guerra sucia" no se han salvado periodistas críticos a AMLO. Apenas
en horas recientes, Arreola entró en colisión con Óscar Mario Beteta,
periodista crítico de López Obrador, al que Federico acusa, sin
tener prueba alguna -en su reciente libro-, de ser artífice de la
idea de que AMLO sólo sería detenido mediante la muerte. Tal
despropósito no es más que la "guerra sucia" llevada al delirio.
¿Pero qué decir de Madrazo? Su fuerte es la "guerra sucia", la misma
que empleó contra la señora Gordillo, la cual reaccionó con la misma
receta. Luego combatió al Tucom mediante "guerra sucia", y lo mismo
hizo con Arturo Montiel. En este último caso, la "guerra sucia" se
le revirtió a Madrazo, quien en las pasadas elecciones padeció el
desprestigio de Montiel, en votos que dejaron el PRI. Se le pasó la
mano.
aleman2@prodigy.net.mx