Pronto regresará
Desde Argentina, Ahumada asegura: “Me tienen que regresar al León”

Desde Argentina, Carlos Ahumada confió en que la justicia mexicana le devolverá al club León. Al tiempo que hace de dueño de Talleres, prepara el libro que dará a conocer en noviembre, en la FIL de Guadalajara.
26-Abril-08

Carlos Agustín Ahumada Kurtz ingresa en uno de los palcos del estadio de Argentinos Juniors, bautizado Diego Armando Maradona porque allí se crió y debutó el mayor crack del futbol argentino, donde Chacarita será local ante su querido Talleres de Córdoba y, antes de comerse las uñas durante el desarrollo del encuentro, apoya en una mesa los tres teléfonos móviles que lleva consigo.

Sus celulares parecen indicar que el bombardeo de llamadas es incesante. Nada más alejado de la realidad, ya que los números del Mesías de Talleres (como se le bautizó a Ahumada) son una cuestión prácticamente limitada, al menos para los periodistas. “Es la figurita difícil del álbum”, nos había anticipado un productor televisivo que tiene una de las agendas más nutridas del país.

Tras dos meses de insistente gestión, finalmente fue la voz de su amable secretaria Natalia quien confirmó la cita el mismo jueves por la tarde (24 de abril): “andá al estadio de Argentinos a las 20:30, que allí te dará la entrevista el señor Ahumada”.

Y allí estuvo el empresario, un poco demorado por el caótico tránsito porteño, con una camisa blanca adornada con un escudo de Talleres, barba de dos días, los tres teléfonos recién citados, acompañado de una comitiva de unas 15 personas, entre las que se destacaban Humberto Grondona –hijo del presidente de la Asociación del Futbol Argentino y hombre vinculado al club cordobés- y Martín Vilallonga, ex futbolista que jugó en León –de la Primera A-, entre otras instituciones, y que es la mano derecha de Ahumada.

Después de la presentación, él mismo pide postergar la entrevista hasta el entretiempo, porque quiere ver el partido. Y lo vive con tal ansiedad que golpea un par de veces la mesa cuando Chacarita convierte el primer tanto y el segundo, también cuando su equipo deja pasar una ocasión clara de gol y hasta alcanza a martillar con sus muñecas en la sien por otra acción desperdiciada.

Al convertir la T el 1-1, festeja primero con un alarido corto y luego con un par de gritos ahogados, apretando los puños casi en silencio, al advertir que del otro lado del ventanal son todos de Chacarita y ya lo empiezan a mirar con malos ojos y a insultar por la osadía. Así se vive el futbol en Argentina: con una pasión desmedida, que en muchos casos se transforma en violencia inconcebible. Unos minutos más tarde, atenderá con amabilidad a La Afición.

Carl os, ¿cómo se siente en un estadio sin poder gritar el gol de su equipo? Esto en México normalmente no pasa...

“Claro, allí el futbol se toma de otra manera”.

¿Cómo lo ha recibido el futbol argentino en estos casi tres meses que lleva?

“Muy bien, me siento reconfortado y satisfecho. Hemos podido remodelar el estadio, que era muy importante y ahora ya podemos jugar allí. Luego, mi gran objetivo para este club del que soy aficionado desde pequeño es subir a Primera División. Talleres es un equipo que merece, por su historia y por la gente que convoca, estar en Primera y creo que más temprano que tarde lo vamos a conseguir”.

¿Su idea es rodear al club de símbolos históricos?

“Así es, por eso he incorporado a José Daniel Valencia, que es un emblema de Talleres y jugó dos Mundiales con la selección Argentina y a Ángel David Comizzo como entrenador, un hombre joven, que merece su oportunidad y que está haciendo muy bien las cosas”.

¿A Comizzo (el actual técnico de Talleres) lo conocía de México?

“No, para nada; sabía de su campaña en el León, pero todavía no estaba yo en el equipo”.

Agarra un hierro caliente: Talleres venía en picada, peligra con los promedios del descenso, a los empleados no les pagaban los sueldos...

“Efectivamente, pero a mí me interesan los grandes retos, la gente ha apoyado mucho en este tiempo, se han sumado cada día más y he tenido muchas muestras de solidaridad, aliento y empuje”.

¿Es verdad que cuando gana el equipo, baja a pagarles en dólares en el mismo vestuario?

“No (sonrisas), yo no manejo el dinero, es la parte administrativa del club. Participo en la dirigencia, con otros accionistas”.

¿Por qué el futbol argentino?

“Casi te podría decir que el futbol argentino, concretamente Talleres, me buscó a mí, en realidad, porque yo no estaba pensando entrar en el futbol, no andaba buscando eso. Yo estaba tranquilo, escribiendo mi libro en el que contaré todas mis experiencias y me buscó gente de Talleres para que gerencie el club. Me vieron, me hablaron, les dije que no me interesaba, pero insistieron y al final me convencieron con unos accionistas, con los que decidimos entrar juntos a este proyecto”.

¿Qué es más difícil de manejar, el futbol argentino o el mexicano?

“No sé, recién estoy comenzando en esto, no lo puedo decir”.

¿Qué balance hace de su paso por el León y el Santos Laguna en México?

“Lo del León fue una experiencia personal muy buena, que debió terminarse por mi situación particular. Íbamos por un camino correcto, habíamos ganado un campeonato (que vendría a ser aquí el Nacional B de Argentina) en la Segunda División y perdimos una final accidentada. Después, ante la situación política incierta que yo atravesaba y no sabía cuánto iba a durar, creí que lo mejor era vender el equipo. Luego, como no me terminaron de pagar, entré en litigio. Y así continuamos en este momento”.

¿Perdió dinero?

“Sí, definitivamente sí, no me terminaron de pagar, estamos en litigio”.

¿Cuánto perdió?

“Hay un pagaré que está firmado por Alejando Burillo Azcárraga ante notario público, de un millón de dólares, que no lo pagó, más los intereses, que ahora no sabría decir cuánto es. La cláusula estaba especificada muy clarita: que si no lo pagaban me tenían que devolver el equipo”.

¿Y en especial de su capítulo con Santos Laguna, qué puede decir?

“Fueron dos meses nada más, muy poco tiempo, casi no puedo decir nada. Ahí todavía no hemos hecho el balance”.

¿Volvería al futbol mexicano?

“Claro, el León tiene que regresar legalmente a nosotros, y ya cuando lo tenga veré qué hago. No lo tengo claro todavía, amo al León, pero primero hay que tener el equipo como corresponde y después veremos”.

¿Cree que se lo van a dar?

“Hablando de justicia a secas, no de justicia y gracia, me lo tienen que devolver. Ahí están las firmas que se falsificaron, si usted las viera en este momento, sin ser perito especializado en grafología, ve las dos firmas y se da cuenta enseguida que son distintas, es algo muy burdo lo que hicieron”.

¿En ese caso, tendría dos clubes: León y Talleres?

“Hay que esperar, me gustaría mucho recuperarlo y después ya vería”.

¿En cuanto tiempo sería eso?

“Depende de la justicia”.

Pero si vuelve a un club en México es al León, ¿no?

“Sí, definitivamente”.

¿Siente que tiene muchos enemigos en el futbol mexicano?

“Que yo sepa, no tengo enemigos, gracias a Dios tengo muchos amigos”.

¿Hay muchas diferencias entre vivir aquí y en México?

“Buenos Aires es una ciudad muy bonita para vivir y Córdoba lo mismo. Ahorita estoy viviendo en Buenos Aires, pero viajo muy seguido a Córdoba. Vine a Argentina, porque necesitaba reconstruirme en el lugar donde nací. Pero a México también la amo, es mi segunda patria, la tierra donde nacieron mis tres hijos, que con mi señora son lo más importante que tengo. No tengo dudas de que regresaré. Yo adoro y añoro México”.

¿Siente rencor hacia el futbol mexicano?

“No, para nada, ésa es otra de las cosas que se han dicho y me han preguntado mucho, pero no lo siento así”.

Y dejamos a Ahumada, para que siga sufriendo en la segunda mitad con su Talleres querido, que se fue finalmente perdedor por 2-1. El empresario, aún tiene un arduo y extenso camino por recorrer.

El futbol, de lado

Pasado…

¿Qué enseñanzas le dejó el tiempo que pasó en la cárcel?

“Me dejó muchos aprendizajes. Uno de los principales es revalorar a la familia”.

¿De quién fue la idea de coserse la boca en la huelga de hambre?

“Mía, querían que me callara y lo hice por eso”.

¿Se puso anestesia?

“No, agarré una aguja, mis labios, perforé una vez en el labio de abajo, saqué el hilo por el otro lado, volví a perforar arriba, y así ocho veces, porque me hice cuatro agujeros en cada labio. Estaba totalmente sangrado, casi me desmayo”.

¿Y en la huelga de hambre no tuvo miedo de morir?

“Bajé unos 15 kilos, por eso hoy tengo unas hernias y unas cuantas secuelas, pero iba a seguirla hasta las últimas consecuencias. Mis hijos no querían que la levantara, mi esposa tampoco, así que no la iba a levantar. La primera vez que me vieron los doctores se impactaron. Se acercaron y me preguntaron si me podían tocar el labio, no sé, tal vez creían que me había pintado con un plumín en la boca (risas). No sé qué habían pensado, pero cuando tocaron la heridas se dieron cuenta que era de verdad”.

Presente...

Recién habló del libro que está escribiendo, ¿qué va a contar allí?

“Ya lo vas a leer, espera que salga publicado, la idea es presentarlo en la Feria de Guadalajara en noviembre de este año. Contaré todo lo que me pasó en los últimos años en mi vida, para que la gente no tenga dudas, hablaré de mi ingreso a la política, de mi ida a Cuba, de las grabaciones y mi experiencia en la cárcel”.

¿Se sienta todos los días a escribir?

“No, lo hago tres ó cuatro días por semana, y no lo escribo, más bien lo grabo”.

¿Va a ser un best seller?

“No creo, lo único que me interesa es dar lo que no me han dejado dar durante mil ciento treinta y un días, me prohibieron cualquier conferencia de prensa, no sé a qué le tenían tanto miedo. El libro es una deuda que tengo con el pasado y con mis hijos”.

“El Mesías”

David Vázquez es un periodista cordobés que trabaja en la audición radial partidaria de Talleres de Córdoba por FM Impacto 99.3 y que cubre la actividad del club tallarín desde hace diez años. No duda ni un segundo, en su testimonio con La Afición , en calificar la aparición de Carlos Ahumada como un hecho milagroso:

“Es El Mesías, no tengas dudas. Ahumada hizo en un mes y medio lo que en este club no se hacía en los últimos 30 años. Remodeló nuestro estadio ( La Boutique ), le puso por primera vez luz artificial; los empleados están al día después de estar tres meses atrasados. Les paga a los jugadores un premio en dólares en el mismo vestuario después del partido cuando ganan, lleva al plantel a buenos hoteles y hace poco hasta los trasladó en su avión privado antes de un partido. Las principales burlas de nuestros adversarios de Belgrano eran que nunca podíamos jugar en nuestro estadio y este hombre lo hizo posible en un mes. Además, trajo refuerzos de categoría. Ojalá que todo termine en el ascenso del equipo”.

Diego Borinsky. Buenos Aires, Argentina